1.2 La que sube del desierto: Israel


Dios los miraba venir desde el Monte, recordó la caída en el Edén, el diluvio y Noé. Luego había comenzado de nuevo: Abraham. Isaac, José, luego Egipto. Hoy era un día especial. Los ojos de Dios no veían una multitud avanzando, veían una doncella que venía de Egipto cruzando el desierto. El corazón de Dios latía con estos pensamientos: “He esperado este día desde la eternidad. He creado el universo esperando este día. Me amará, confiará, aprenderá amarme. Le tengo preparada una tierra especial para ella donde alcanzara su plena condición de mujer.”

Moisés habló con el pueblo de parte de Dios: “En los días de Noé, Dios se arrepintió de haber creado al hombre porque continuamente se alejaron de El. Sin embargo, Dios escogió un pueblo y son ustedes. Dios los ama y lo que sólo quiere de ustedes es que le amen, con todas su fuerzas, su mente y alma”. El pueblo respondió con buena voluntad, quisieron ofrendar, obedecer, servir, adorar. Pero Dios los miro con tristeza, yo no necesito su dinero, su obediencia, ni su adoración, ni sus oraciones tan solo quiero que me amen, que me amen, que me amen.

A los ojos de los hombres era una nación pero a los ojos de Dios era un mujer. Una mujer ataviada que prefiguraba ser su desposada. Ella sería su esposa por eso la visitaba, la aconsejaba, la cuidaba de otro pretendientes y enemigos. Advertía su debilidades y las cubría. Sabiendo que en el desierto había tropezado por algo tan simple como el pan, su desposada no vivirá solo de pan. Reconociendo su absoluta debilidad e impotencia ante toda tentación su desposada vivirá por otra vida. En la tierra prometida halló reposo y fue prosperada pero esa prosperidad la alejó más y más del Señor. Y la llamaba pero ella fornicaba con las naciones de este mundo y cada vez se debilitaba más. No me queda otro recurso que castigarte para hacerte volver a mí. Dios mandó profetas pero nadie les escuchaba. Hubo un joven que sufrió lo mismo que Dios y Dios le habló a Oseas: búscala. Y Oseas buscó a su esposa que se había prostituido y la perdonó y se volvió a casar. Dios le dijo de la misma manera haré yo, la perdonaré y la traeré de nuevo a mi casa. Así un pueblo que Dios había sido sacado de la esclavitud fue llevado por el mismo Señor a la esclavitud, esta vez en Babilonia. Pasaron los años y la historia de la rebelde mujer no cambiaba mucho, se arrepentía para volverse a descarriar.

Gabriel levantó la mano y anunció: estamos ante el momento mas grande de la historia. Ha llegado el cumplimiento de los tiempos, se terminó el uso de imágenes, símbolos e ilustraciones ahora viene la realidad. Dios está por encarnarse en la matriz de una mujer y saldrá en forma humana.

Juan estaba ministrando a la multitud en el desierto y vio venir una luz en medio de la multitud. Y al ver sobre quien reposaba la gloria de Dios se sorprendió: mi primo. Y declaró ¡he aquí el Cordero de Dios! El Espíritu lo llevó al desierto. (Fue aquí, en el desierto, donde ella fue tentada yo le proveía para todas su necesidades me probó una y otra vez, hasta me provocó y terminó adorando un becerro de oro). El diablo lo encontró: nunca había soñado con encontrar un oportunidad tan maravillosa: Dios Visible, Dios encarnado en un endeble protección de carne y hueso. Dios Vulnerable. Lo siguió tentando hasta que Jesús se levantó y lo reprendió: Vete de mi Satanás Solo a Dios adorará. Y se fue. Vinieron los ángeles a servirles y les dijo: Lo vencí pero como hombre. No se repitió la escena de Adán en el huerto ni la de Israel en el desierto.

Jesús se sentó en el Monte de los Olivos y miró a Jerusalén y lloró: Jeru, Jeru. Al verla recordó como ella había venido a esta tierra, en aquellos días su hermosura e inocencia eran desconcertantes sin embargo se dejo seducir por las costumbres de los pueblos y los dioses extraños. En los días de Salomón estando en su apogeo de su hermosura y esplendor, rompió su votos y se fue tras ellos. Ahora no solo era vieja sino que una vez más homicida. La miró entre sollozos de dolor y lágrimas, tantas veces apedreaste a los que venían a salvarte, cuantas veces te llamé para que volvieras pero no vinistes, cuantas veces quise tomarte como una gallina toma a sus polluelos. Cuando entró en Jerusalén, ahí estaba Jeru dándole la bienvenida pero en seguida después delante de Pilatos apareció la verdadera Jeru, gritando enardecida: Crucifíquenlo. Jesús la miró y pensó: Ahora vendrá otra mujer, un ser espiritual del cual tú solo eras figura, mucho mas hermosa que tú.

Desilusión novia: un blog para creyentes desilusionados con la iglesia. Juan Manuel Montané

 

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